- Editorial:
- MANTIS EDITORES
- Año de edición:
- 2011
- ISBN:
- 978-607-7943-09-9
- Páginas:
- 90
CUERPO Y PARÉNTESIS DEL ESTUPOR
ÁLVAREZ, MARÍA AUXILIADORA
Hasta los grandes poetas pueden convertirse en un acto de desaparición. Poco o nada se sabe de la poesía venezolana que en el último tiempo parece estar destinada a ser un rumor, casi fantasmal, en el continente. A pesar de que en las últimas generaciones haya una búsqueda desesperada por arriesgarse y encontrar nuevo caminos, o que poetas como José Antonio Ramos Sucre (tal vez el mayor de los vates que haya dado el país de los palafitos), Eugenio Montejo, Rafael Cadenas o Marco Antonio Ettedgui sean una lectura casi obligatoria para hablar de la poesía creada en el continente. Si hay un problema de desconocimiento, por fortuna para los amantes de las letras, la malla que recubre la poesía venezolana ha sido lo suficientemente porosa para que voces singulares como la de María Auxiliadora Álvarez (quien estuvo en la ciudad hace aproximadamente dos años en el Encuentro Internacional de Escritores de Monterrey) y esta coedición hecha por Mantis Editores y UANL puedan burlar el silencio injusto y salga a la luz este libro que contiene dos de sus poemarios: Cuerpo y Paréntesis del estupor. En Cuerpo, publicado por primera vez en 1985, la tensión violenta entre la frialdad profesional de la medicina y la autodeterminación de la mujer en gestación son el hilo conductor. Sus versos direccionados al ginecólogo, imagen que Álvarez elige como representación del poder, a quien califica de doctor cardenal teniente coronel , quien me contempla satisfecha / como vagina que soy/ como herida inteligente, busca equilibrar la balanza por medio de la oposición a la figura patriarcal y la reivindicación femenina. El lenguaje es fuerte, sin titubeos. El temor a lo desconocido/autoridad implica una dosis grande de amor a la vida, a la libertad, y termina confesando: y voy desarrollando/ un sabor sicópata/ en la lengua . Desde la posición de animal herido, alegoría de su rabia por la impotencia, encaja sus letras como colmillos filosos. En Paréntesis del estupor, en cambio, y tal vez por los años que le suceden a Cuerpo, el lenguaje es mucho más depurado, menos agresivo. Consigue por medio de versos a veces largos, una intensidad inmediata y por momentos confesional: Los grandes perros reaparecen transformados en hermosas formas compactas . La voz poética, una especie de metalibro, parece tener aquí plena conciencia de lo que ha significado la trayectoria desde la primera publicación (veintiocho años, si tomamos en cuenta que Cuerpo fue escrito en 1981 y Paréntesis del estupor en el 2009). Otra de las características de este poemario es cierta cercanía con la poesía oriental como si fuera un pariente lejano , al tratar de equiparar el paisaje natural que, aparece distorsionado por la intervención humana, salta a la vista en vario de los poemas e interroga al lector con frases como: si llegamos tarde a los árboles los encontramos desnudos o sería insólito repasar con aspas eléctricas el bosque de la cueva de los conejos . Lo que nos deja una sensación de que Álvarez, a pesar del tono duro, juega, injuria, cambia y nos permite pasar de una emoción a otra sin mayores miramientos.